Seran mis primeros recuerdos, esos que aun conservo en un bote pequeño dentro de mi cabeza. Los primeros años de mi vida, eramos una familia normal, con sus mas y sus menos, pero normal. Unos padres trabajadore y 3 niños felices, normales.
Mi padre empezó a jugar a las máquinas tragaperras, el dinero empezaba a faltar en casa, discusiones, peleas entre ellos que para pagar la frustración de uno con el otro empezaron a pagar con nosotros, ya la cosa empezaba a tornarse gris.
Nuevo nacimiento en la famila, otro hermanito gritabamos, nos alegraba tanto tener algo bueno, alguien que mirar y alegrarnos un rato.
De las tragaperras pasó al alcohol, y mi madre con él. Ahora no solo es que faltase dinero, apenas entraba y lo poco era para bebias. Mas broncas, mas peleas y mas golpes hacia nosotros. En años sucesivos se iban produciendo nuevos nacimientos, ya eramos 5 y cada año que pasaba todo iba a peor, llegó un dia en el que ya no querian tenernos con ellos, éramos una carga bastante pesada, supuestamente iban a curarse. Nos llevaron a un centro de menores, fuera d nuestra ciudad, a otra cercana, durante 3 largos meses estuvimos internados, con apenas visitas de nuestra familia.
Un dia, nos hicieron hacer las malestas en el centro, no podiamos seguir estando ahi, pues era de paso y preparatorio. Nos montaron en un coche de la cruz roja y nos trajeron a nuetra ciudad, pensábamos que ibamos a estar con nuestros padres nuevamente, que ya se habrian curado, pero no, a otro centro de acogida. Recuerdo que a nuestra llegada, cientos de niños se agolpaban para ver entrar a los nuevos, 5 niños asustados, pero unidos para que nada ni nadie nos pudiera hacer daño.
Estuvimos un año en el centro, hicimos cientos de amigos, hermanos de una situación parecida. Y volvimos a casa, al principio todo parecia ir bien, pero otra vez volvimos a ser una carga pesada, vuelta a nuestra realidad, borracheras casi diarias y cuando no tenian mas dinero que beberse, todo se tornaba negro, negro tan oscuro que daba miedo. Tortazos que pasaban a ser palizas, palizas que nos marcaban, nos daban con rabia, como si nos odiasen. Pero cada año y poco habia un nuevo nacimiento, la familia seguia creciendo y conforme creciamos teniamos que hacer de padres los mas mayores, rondabamos los 8 años. Los servicios sociales nos visitaron y al ver las condiciones desfavorables en las que estabamos, nos mandaron de vuelta al centro.
Un gran alivio, pues alli aunque faltos d cariño, no recibiriamos mas golpes.
Estuvimos entrando y saliendo del centro durante un tiempo y un dia no volvimos al centro.
Ya era el año 1998, despues d un tiempo de aqui para hayá, huyendo de los servicios sociales y siendo 8 menores, mis padres discutieron una vez mas, pero con la diferencia que esta vez no hubo golpes hacia nosotros. Mi «padre» se fue de casa, estuvimos como un mes sin el.
Entonces mi «madre», también decidió irse en su busca. Me pidió que la llevase a la estacion de trenes, ella era medio ciega, yo un niño de 11 años que no imaginaba que estaban abandonado a 8 hijos.
3 dias estuvimos solos, sin saber apenas cocinar unas salchichas, 3 dias en los cuales los mayores nos hicimos cargo de nuestros hermanos pequeños hasta que nos quedamos sin comida ni pañales. Eramos niños de entre 1 y 13 años. Al final fuimos a buscar comida a casa de mi abuela, vivia en la misma calle. Ella fue quien dio la voz a alarma a los servicios sociales, pues no podia hacerse cargo de 8 niños, solamente de uno, el mayor.
Asi fue que volvimos al centro de acogida, pero separados, los puequeños los llevaron a la casa cuna.